miércoles, 11 de junio de 2014

100 km de Colmenar - La Crónica

Hace 5 meses inicié este blog como una forma más de motivación personal ante el reto que me había marcado. Como pasa con estas cosas, se empieza con muchas ganas y luego se va perdiendo empuje poco a poco ... si además se suma la sobrecarga en el trabajo cotidiano, pues se deja de escribir. A pesar de todo nunca abandoné el propósito inicial y ha llegado el momento de contar cómo me fue en la prueba.

Salida
Llegamos a Colmenar Viejo a las 10:00, dos horas antes de la salida, mi pareja y yo. Ella me serviría de inestimable apoyo en lo que vendría después. Ya había recogido dorsal y documentación días antes, pero quería tener el tiempo suficiente para mentalizarme e ir metiéndome poco a poco en el ambiente. Los que habéis participado en pruebas como esta sabéis que supone un extra de motivación dejarse contagiar por la excitación del momento, los preparativos, las conversaciones con otros participantes, los nervios ...

Sabía que no me había preparado del todo bien en los últimos dos meses, pero estaba dispuesto a dar el 100% y llegar donde pudiera. Entre la gente veía de todo, auténticos atletas, pero también personas normales, jóvenes y mayores, entre ellos Mariano Blanco, que con 83 años iba a intentar acabar por decimoprimera vez consecutiva! No puedes evitar pensar ... si ellos pueden ... por qué yo no? A las 12 en punto tomamos la salida entre aplausos, cada uno a su ritmo.

Primer tramo:  Colmenar-Colmenar 34 km
De entrada no conocía el recorrido, salvo una pequeña parte del segundo tramo. Había estudiado más o menos el perfil y tenía previsto intentar hacer esta primera parte a una media de 6 km/h. Los primeros km me resultaron más duros de lo que pensaba, el sol pegaba a ratos con ganas y las subidas, aunque cortas, eran abundantes. Quizá incluso forcé un poco el ritmo llevado por la cantidad de gente y no paré en los avituallamientos intermedios (cada 5 km aproximadamente) salvo para coger agua. Tras pasar por el área recreativa cercana a Manzanares el Real comenzaba una cuesta arriba más dura que las anteriores y la encaré con ganas, pero di un mal paso, me dio un pinchazo en el talón de Aquiles derecho que tengo tocado desde hace meses, forcé la postura y se me subió el gemelo de esa pierna. Llevaba escasos 15 km y ya tenía problemas, no me lo podía creer. Ralenticé mucho el ritmo durante un rato y el dolor parece que fue disminuyendo, pero me fui desanimando bastante y a partir de ahí no lo pasé nada bien. Se me hizo especialmente pesado el tramo que sigue las vías del tren donde hay que caminar una parte sobre el balasto. Pensé que era completamente imposible completar los 100 km si acababa el primer tramo en estas condiciones y los últimos km hasta Colmenar se me hicieron muy largos y llegué a las 17:45.

Segundo tramo: Colmenar-Tres Cantos 16 km
Durante el descanso (y todos los que vinieron después) mi pareja me esperaba para darme ánimos, comida y bebida. Me daba vergüenza incluso pensar en retirarme tan pronto y pensé que al menos debía aguantar hasta el km 50, que era la máxima distancia que había recorrido en un día hasta entonces. Salí a las 18:15 con fuerzas renovadas y Bruce Springsteen en el mp3. Esta parte del recorrido la conocía de haber participado el año pasado en la Marcha de la Marmota y sabía que era cómoda con muchos tramos cuesta abajo hasta llegar al puente. Así fue, el dolor había desaparecido, me sentía más animado y mantuve un buen ritmo hasta llegar a la subida hacia Tres Cantos que se hizo penosa, sobre todo por el calor, ya no quedaba ni una nube en el cielo. A pesar de todo incluso iba adelantando gente mientras bebía y sudaba sin parar. Llegué a Tres Cantos a las 21:00 cansado físicamente pero más satisfecho. Era el ecuador de la prueba.

Tercer tramo: Tres Cantos-San Sebastián de los Reyes 21 km
Salí de Tres Cantos a las 21:45, y los primeros km fueron sin duda los que más disfruté de toda la prueba. Empezó a oscurecerse, la temperatura era más agradable, el camino cómodo por anchas pistas de tierra y la sensación de superación personal hacía que se me pusieran los pelos de punta en muchos momentos. La organización había colgado en los árboles lucecitas para orientarse y era muy emocionante caminar bajo la luz de la luna y las estrellas. Poco después el camino se transformaba en una estrecha senda pegada al soto de Viñuelas y tuve que sacar el frontal. Iba casi siempre solo porque las distancia entre nosotros habían aumentado mucho, pero adelanté a un par de personas con bastantes problemas físicos. Intenté animarles, pero no sé si conseguirían terminar. En esos momentos las piernas se mueven mecánicamente y tiras como sea de cabeza y corazón. Empecé a acusar de nuevo el agotamiento en las zonas de chalets de Ciudalcampo y sufrí bastante en la última parte, por una oscura pista de tierra llena de socavones donde era muy fácil dar un mal paso y torcerse un tobillo. Habría sido el peor momento. Llegué finalmente a San Sebastián a la 1:30 y vi como se retiraba bastante gente, y a otros muy tocados por lesiones o agotamiento físico. Me resultaba difícil comer algo, casi todo me daba náuseas y tuve que obligarme o no habría podido seguir. Estaba decidido a llegar hasta donde no pudiera dar un paso más.

Cuarto tramo: San Sebastián de los Reyes-Tres Cantos 15 km
Salí a las 2 dispuesto a todo. El dolor, aunque mitigado por los analgésicos, se me extendía por las dos piernas, desde la cadera hasta los dedos de los pies. Empezaba a notar las primeras ampollas, aunque eso no sería nada con lo que vendría después. El gemelo derecho que se me había subido poco después de empezar estaba tenso y duro, como de madera. Afortunadamente este tramo era el más sencillo de todos, por el perfil suave y la pista cómoda. Habría sido un agradable paseo en otras circunstancias, pero el agotamiento ya era enorme. Fui adelantando a más gente que iba con problemas, todos dignos de admiración por su empeño. Empecé a pensar por primera vez que de verdad podía llegar hasta el final, que iba a ser capaz de completar el esfuerzo físico más duro de mi vida. Eso te hace sacar fuerzas de donde no las hay y superar los últimos km por el duro asfalto de la vía ciclista, que se hizo interminable. Llegué a Tres Cantos a las 4:45, era el último descanso, y consciente de que tenía el pie derecho en bastante mal estado por las ampollas que habían aparecido casi de repente después de varias horas sin problemas. No iba a abandonar ahora, esto estaba claro.

Quinto y último tramo: Tres Cantos-Colmenar 14 km
Salí a las 5:15 con bastante dolor. La primera parte era por las calles de la ciudad y luego cuesta abajo por pista de tierra. Empezaba a clarear y ya no tuve que utilizar el frontal, pero cada paso resultaba un suplicio. Los km pasaban lentos y caminaba de nuevo solo durante la mayor parte del tiempo. Recuerdo esas horas de forma un tanto borrosa, impulsado por el puro empeño de vencer los propios límites y no dejarme derrotar. Cada piedrecita del camino me hacía ver las estrellas al pisarla. Sabía que me esperaba la puntilla, la famosa "cuesta del cementerio" llegando ya a Colmenar, un par de km de subida continua con más de 90 a las espaldas, un auténtico infierno. Entre lágrimas, dolor y temblores superé las últimas tumbas ... he visto figurantes en The Walking Dead menos realistas. Arriba había un cartel que ponía km 97. Ya estaba casi hecho! Sólo quedaban las últimas rotondas, un par de calles y la última vuelta a la pista de atletismo.

Llegué solo, por supuesto. Sonaba el Aleluya de Haendel por megafonía. Crucé la meta a las 8:15 y allí estaba mi pareja para recibirme, sin su ayuda habría sido imposible. Lo había conseguido, 100 km en menos de 24 horas.
¡100!




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